Gloomspite avanzan

Los goblins de la cueva estaban inquietos desde que los rumores sobre poderes arcanos despertados empañaban los aires viciados de las profundidades. Hacía mucho tiempo que el Jefe Lunatico Agalob no cosechaba ninguna victoria. La derrota contra los matadores en el paso de las arañas o la emboscada sufrida por un grupo de Sylvaneth habían pasado factura ante sus filas.
Al menos sus aliados obtenían las victorias que el no era capaz de conseguir. El jefe troll Rocky había rechazado por los pelos a las huestes Skaven del clan Skyre que intentaban hacerse con el territorio subterráneo mientras que los hermanos Spiky y Niky, más conocidos por los nombres de sus garrapatos “Saltarin” y “Bocazaz” habían dispersado a una procesión de Nigthaunt que había aparecido por los niveles inferiores de su territorio.
Era por estos motivos que había hecho llamar a su mejor chaman, Skymoon, para aconsejarle sobre los nuevos presagios que parecía enviarle la luna malvada. El chamán se abrió paso en la enorme cueva donde se encontraban todos reunidos, con una confianza digna de un auténtico líder o de alguien tan puesto de setas que no sabía diferenciar la gravedad del asunto, se plantó en medio del circulo de generales y lugartenientes de Agalob comenzando a hablar.
— Hermanoz y hermanaz. Loz zignoz de nueztro alzamiento zon claroz. Ezoz cachibachez mágicoz zon un regalo que la Luna Malvada noz envía a noz. ¡Debemoz movilizarnos. Huir de ezta cueva que ya ze noz queda pequeña y conquiztad lo que Gorkamorka noz dejó para nozotroz.
— No tienez una certeza, ¿verdad Skymoon? Realmente ni zabez nada. Y dezconozez el paradero de los chismes mágicoz. — Dijo en tono molesto Agalob, al cual los planes no le hacían mucha gracia
— ¿No vez los presagios gran Jefe? Toma, prueba una de eztaz para poder comprender el conocimiento de la Luna Malvada noz dize.
Agalob cogió de mala gana el puñado de setas rojas que el chamán le extendía. Con el conocimiento mágico necesario, y ante aquella afirmación tan rotunda delante de todos sus lugartenientes. No habría duda que una vez más, hasta su Dios habría proclamado su alzamiento. Comenzó a masticar, las setas, triturándolas de forma descarada antes de engullirlas. Tenían un sabor asqueroso, aunque viviendo en una cueva llena de trolls aquello tenía mucho mejor sabor. Pronto empezó a verlo todo mucho más claro.
Los goblins que observaban aquella escena no tardaron en ver que estaba pasando. Los ojos de Agalob se empezaron a quedar en blanco, mientras que de su piel verde comenzaban a brotar setas y otro tipo de hongos. La piel del jefe comenzó a quebrarse, sin soltar sangre, como petrificada, mientras que su expresión sonrienta dejaba una grotesca estatua para la posteridad.
— Hermanoz goblins. No noz merecemoz a un cobarde como líder. El poder lo tienen aquelloz que zon tenacez y que eztan dizpueztoz a hacer un sacrificio por la Luna Malvada. Para poder conseguir la ziemprenumbra. Ez hora de actuar. Yo, Skymoon, haré que la luna ze fije en nosotros y tengamos zu bendición, del mismo modo que la obtuvieron antes Zarbag o Skragot.
Una pared comenzó a moverse, asustando a todos los goblins que se habían reunido. La conmoción duró poco, hasta que la pared abrió los ojos y reconocieron a Rocky, el jefe troll que acompañaba a Agalob. Este se sacudió los brazos, soltando piedras, musgo y algunas alimañas que se habían acomodado en su duro cuerpo. Entre ellos, algo metálico sonó en mitad del circulo.
Todos miraron extrañados el objeto que había salido del cuerpo del imponente troll. Skymoon se adelantó al percibir su poder mágico. Lo cogió firmemente, a pesar de estar atemorizado. Lo olió, le dio un lametazo y negó con la cabeza. Indicó a Saltarín que se acercase y tras frotarlo contra su pellejo, volvió a darle un lametón. Volvió a negar con la cabeza, sacó de uno de sus bolsillos unos hongos, y los espolvoeró sobre el metal, el cual, al contacto de las esporas, comenzó a brillar con una luz verde enfermiza. El chamán sonrió satisfecho.
— ¿Véiz? Oz lo dije. La luna Malvada noz obzeva y ezpera grandez cozaz de nozotroz. Juntoz, pondremoz en zu sitio a todoz aquelloz que noz han ninguneado desde tiempoz inmemoriablez. Vamoz a conquiztar los cahibachez mágicoz dezpertadoz, y loz uzaremos para atraer la atención de la luna. Azí conzeguieremoz lo que ciempre quizimoz. ¡Por Gorkamorka! ¡Por la ziemprenumbra!
Un estruendo gigantesco inundó como una ola cada pasillo y pasadizo de la cueva, haciendo retumbar hasta la mismísima tierra. Los goblins se habían preparado para la batalla, ahora liderados por un nuevo Lunático. ¿Conseguirían llevar a cabo sus malévolos planes?